miércoles, 4 de mayo de 2011

Perdida

- ¡OYE!-

Nada, no se giraba. Él llevaba un rato llamándola, pero no obtenía respuesta, ni un giro ni nada, era como que no le escuchaba como le gritaba, o quizás no quisiera oírlo. Así que insistió otra vez.

- ¡OYEEE!-

Al ver que seguía sin lograr que le mirara, decidió pasar a alcanzarla y poderle decir algo. Cuando estuvo delante de ella, se quedó parado. No llevaba puestos los auriculares, así que le había oído perfectamente. Entonces, por qué no se había girado, se estaba preguntado él. Ella ni le miró, miraba hacia delante, con la mirada perdida, como si no conociera nada de esa calle. Observaba cada detalle, la tienda de música, el supermercado cerrado, la parada de bus, las porterías, la panadería, todo, pero como si nunca hubiera estado allí. Entonces él un poco desconcertado optó por decirle algo a la cara.

- Oye, ¿que no me escuchabas llamarte?

- ¿Y tú eres...?

- Venga tía, no me tomes el pelo.

- No sé quién eres, lo siento.

- Pero si soy yo.

- Me estás poniendo nerviosa, ¿podrías dejarme en paz?

La vio molesta y realmente intranquila. Empezó a mirar hacia todos los lados, como si se hubiera perdido en ese mismo momento. Entonces vio como escondía su cara entre sus manos y se asustó.

- Oye, ¿estás bien?

- Quiero que me dejes en paz, por favor. Me has puesto tan nerviosa que ahora ya no sé donde estoy…

- Pero, ¿Qué estás diciendo, si tú vives aquí?

- ¡No me agobies joder!

Entonces apareció el hermano de él, que en cuanto se dio cuenta de la situación fue corriendo al lado de la chica para tranquilizarla. El hermano se quedó que no sabía ni que hacer, no entendía nada, era como si se hubiera perdido una parte de una película y estuviera totalmente perdido.

- Por dios, ¿que pasa hoy?

- Soy yo pequeña.

- Oh, eres tú. Muchas gracias, ¿podrías decirle a este chico que me deje en paz?

- Si perdona preciosa.

Su hermano le dijo que en casa hablarían y que ahora iba a acompañarla a su casa. Una vez la había dejado en casa volvió a su casa, y se lo contó todo. Ella había tenido un accidente, un fuerte y trágico accidente, en el que había perdido el conocimiento y parte de la memoria, y que al ponerse nerviosa se desconcentraba y se perdía. Él empezó a atar cabos. Hacía más de un mes que no le decía nada, que no sabía nada de ella, y lo comprendió. Pero por qué, se preguntaba. Había decidido luchar por ella, dejar de hacerla sufrir, vivir el día a día con ella, y ahora eso ya no podría ser posible… pero entonces decidió que tenía que volver a reconquistarla, costara lo que costara, ella sería suya.

No hay comentarios:

Publicar un comentario