sábado, 20 de febrero de 2010

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“Oía a alguien llorar, no sabía quien era, pero ese sollozo me sonaba de algo, sabía perfectamente de quien era ese llanto, pero en ese momento no lo sabía relacionar con quien. Otra vez me encontraba en el mismo sitio, en la misma habitación, oyendo lo que oía cada noche, ¿O era cada mañana? Ya no sabía cuando estaba en esa habitación, cuanto tiempo pasaba en ella, lo que si sabía, era que no era real, que era una simple pesadilla de la cual siempre despertaba a la misma hora y que no solucionaba nada, porque no encontraba a la persona de ese llanto”.
De repente sonó el despertador, ya era hora me dije a mi misma, me dispuse a apagarlo pero ya había dejado de sonar, supongo que llevaba ya rato sonando y oí la puerta abrirse.
- Lucia, ¿Qué te pasa que no te levantas? Lleva sonando el despertador un cuarto de hora aproximadamente.
- ¿Qué? ¿Cómo puede ser? ¿Por qué no me has llamado antes? Mamá voy a llegar tarde.
Me levanté de la cama corriendo y me fui directa al baño. En media hora ya estaba lista, duchada y maquillada para irme al instituto, solo me faltaba desayunar, pero no me daba tiempo sino no llegaría al instituto a tiempo, así que decidí coger una ensaimada que mi abuelo me había traído el día anterior, de esas que iban en bolsitas y que tanto me gustaban, y salí de casa sin despedirme. Me puse el casco y a toda velocidad me dirigí a mi instituto. Unos veinte minutos más tarde llegué. Allí me estaban esperando mis dos mejores amigas, Nuria y Carla. Mis dos mejores amigas desde que era un moco, y que nunca me habían dejado sola. [...]

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