domingo, 28 de febrero de 2010

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- Buenos días ardilla, tienes mala cara ¿Qué no has dormido bien? ¿Otra pesadilla?
- Sí, a ti no te puedo mentir osito, tengo que descubrir quien es esa persona que llora, sino creo que no voy a poder dormir en mucho tiempo.
Ese era ÉL, mi mejor amigo, el que siempre sabía con tan solo una mirada si estaba bien o si estaba mal. Su nombre era Víctor. Mis padres y sus padres eran amigos desde pequeños, y nosotros jugábamos juntos desde que íbamos al parvulario. Pero ahora ya no jugábamos, nadie sabía que él y yo éramos amigos, supongo que yo al hacer de animadora y él hacer cómics y dibujos, nos fuimos distanciando, y estoy segura que todo había sido mi culpa, pero no podía dejar de ser la popular y la rebelde, a mi me gustaba serlo, pero también me gustaba estar con él, porque era el único que me entendía. Desde que éramos unos enanos me había llamado ardilla por los dientes que tenía cuando era un moquito y se me había quedado así para el resto de nuestras vidas, menos delante de la gente.
- Tranquila, todo se arreglará, ya lo veras, confía en mi.
- Sabes de sobras que confío en ti cariño.
- Por cierto ardilla, esta noche no puedes salir, ni poner la excusa de que vienes a mi casa.
- ¿Y eso? ¿Por qué no puedo hacerlo? ¿Le has dicho a mi madre que siempre que digo que estoy contigo es mentira?
- Lucia, como crees eso por favor, claro que no. Lo que pasa es que tu madre nos ha invitado a mis padres y a mí a cenar hoy a tu casa y…

“BRRR, BRRR, BRRR”

Cariño, ¿te va bien salir esta noche conmigo? Tengo ganas de abrazarte y de besarte, trae pasta para comprar un poco de hierba. Mario. [...]

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