Una vez apartados con ella, lloro, no puedo parar, ella me abraza y me levanta la cabeza, me mira a los ojos, con tristeza, pero a la vez con un brillo especial en ellos, diferente, como con amor, y entonces me besa, un tierno beso, un suave beso, un tímido beso, un beso cariñoso, y yo me dejo llevar, llevar por la borrachera que llevo, llevar por el dolor que siento en el pecho, en esa cosa situada allí, llamada corazón, que es muy fácil de romper, pero muy difícil de recomponer. La beso, decidido a olvidar, a vivir de nuevo, a disfrutar. La beso, ahora con pasión, de manera desenfrenada. La desnudo, la beso entera, le recorro el cuerpo y ella disfruta, como si lo hubiera esperado, como si anhelase ese momento, y yo la complazco sin pensar en el mañana, pensando en el ahora. Pienso en ella, en que ha sido la única que ha estado siempre conmigo, que siempre me ha protegido, me ha cuidado. La sigo besando, la recorro entera, ella gime, se retuerce de placer y yo disfruto de verla, de verla sonreír mirándome a los ojos. Lo hacemos allí, en la playa, los dos solos y con la luna de testigo, nos entregamos el uno al otro hasta dormirnos, eso sí, abrazados.
Hola !! No te he comentado nunca, aun así, llevo bastante leyendo tu blog, y me gusta mucho. Por eso tienes un premio en mi blog, te he escogido como una de los ganadoras del premio Versatile Blogger. Un beso ! :)
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