-Chicas lo siento, pero me tengo que ir, tengo una cena muy importante para mis padres y me han dicho que vaya a casa temprano y son las 20:30h
- ¿No será que te vas por ese chico que ha venido antes? ¿Te gusta?
- Que me va a gustar a mí por favor ¡Nuria piensa un poco!
- A vale, lo digo porque me ha gustado su carácter, creo que le pediré si le apetece salir algún día conmigo, aunque dudo que me diga que si, pero bueno lo intentaré.
- Como quieras, hasta mañana chicas.
Mientras me alejaba, notaba que me empezaban a caer las lágrimas, pero ¿Y el por que? No tenía ni idea, solo sabía que me había sentado muy mal que una de mis mejores amigas quisiera salir con mi mejor amigo, pero si ella estaba feliz yo también tendría que estarlo ¿no? Pero ¿y si era verdad que me gustaba? No, no eso era imposible, era mi mejor amigo desde que nací, no me podía gustar. Llegué a casa con todo el rimel corrido y me fui a duchar directamente. A las nueve y media ya estaba duchada y me estaba vistiendo.
“NOCK, NOCK”
- Ardilla, te quería decir que…
Pero en ese momento se quedó sin habla, me vio allí en toalla y se puso todo rojo, y se giro para no verme.
- Lo siento, no sabía que estabas en toalla, perdóname, te espero fuera.
- Víctor espera, no te vayas.
- Ardilla estas en toalla, y yo no debería estar aquí, solo te quería avisar de que nuestros padres nos esperan abajo.
Él fue abrir la puerta pero yo le cogí del brazo y le gire para que me mirara a los ojos. Pude ver como brillaban al tenerme cerca. Me fui acercando hacia él lo más que podía y le abrace fuerte, como si en ese abrazo se me fuera la vida, y pude sentir su corazón latir a mil por hora como el mío siempre latía cuando estaba con él así de cerca, aunque parecía que él no lo notara. Pero sentí en ese momento como me apartaba poco a poco y me cogía de la barbilla. Nos fuimos acercando hasta unirnos en un beso, un beso donde se demostraba que el tenía miedo de estar conmigo y donde yo le demostraba que era tierna y sensible y no la niña rebelde y alocada que siempre era en el instituto. Pero ese beso no duró mucho rato, se acabo cuando nuestras madres nos llamaron para ir a cenar. Nos separamos y yo noté como me puse roja como un tomate y al instante me giré para que él no pudiera verlo, pero supuse que ya era tarde y que lo había visto. Él cerró la puerta detrás de si y se fue. Yo deprisa y corriendo me vestí con la ropa más chula y sexy que tenía y baje al salón. [...]
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